Si eres una de las pocas personas que nunca ha experimentado la traición de alguien en quien confiaste mucho, te has librado de un gran dolor. La traición no es una experiencia agradable en ningún sentido de la palabra y trae consecuencias negativas que muchas personas nunca podrán superar en toda su vida. A menos que las personas busquen ayuda para sanar, principalmente de parte de Dios o con un consejero creyente en Dios y con experiencia, las personas vivirán dañadas y llenas de amargura, enojo y resentimiento, y siempre estarán desconfiando porque nunca querrán volver a estar en esa posición vulnerable. Pero por la misma razón, la decisión de no perdonar y superar esta experiencia dolorosa también conlleva consecuencias devastadoras que se trasladan a la eternidad. También hace que las personas vivan a la defensiva y se pierdan muchos beneficios, entre ellos la tranquilidad, una mejor salud espiritual, emocional y física y mejores relaciones.